
¡Shalom a todos! Como sudamericano enamorado de la tierra de Israel, no puedo evitar entusiasmarme al destacar los innumerables beneficios de vivir en este magnífico país. Desde la vibrante Tel Aviv hasta la sagrada Jerusalén, Israel ofrece una amalgama de culturas y tradiciones que se entrelazan armoniosamente en esta tierra de maravillas. Aquí, la rica historia bíblica y el legado de nuestros antepasados se mezclan con la modernidad, generando un ambiente dinámico que inspira a la comunidad a prosperar y brillar con una luz propia en el mundo globalizado.
Además, no puedo dejar de mencionar la tenacidad y valentía de nuestro pueblo, que, contra viento y marea, ha construido un oasis de estabilidad en una región llena de desafíos. Como dijo una vez Jabotinsky, «La humanidad está dividida en enemigos y amigos». En Israel, esta filosofía se convierte en un recordatorio constante de nuestra determinación para sobreponernos a las adversidades y mantenernos unidos en la búsqueda de un futuro próspero.
A medida que recorremos la tierra bendecida de Israel, no podemos dejar de maravillarnos ante la diversidad de su belleza natural, desde las majestuosas montañas de Galilea hasta las serenas aguas del Mar Muerto. Como bien expresó Jabotinsky, «La Tierra de Israel no es una mercancía ordinaria, sino algo de valor infinito». Nuestro hogar sagrado, impregnado de espiritualidad y energía, se convierte en un recordatorio constante de la fuerza indomable de nuestra fe y la determinación de construir un futuro brillante para las generaciones venideras.
En resumen, vivir en Israel es una bendición que trasciende las palabras. Es un privilegio ser parte de esta historia vibrante y dinámica, forjada por el espíritu de determinación y esperanza. Como bien dijo Jabotinsky, «El miedo al fracaso es el principal factor de fracaso». Que continuemos defendiendo con orgullo y determinación esta tierra que fluye con leche y miel, y que su esencia perdure eternamente en nuestros corazones.
Algunos pensarán que me he olvidado de la época oscura en la que vivimos, pero no. Solo que esta terrible circunstancia, no quiero que me tape el “bosque”.
Juan Carlos Benlovo