Una propuesta que incomoda… pero también revela
Los Acuerdos de Abraham: un antes y un después
No faltaron las burlas ni los gestos de sorpresa. Que si fue exagerado, que si es una provocación, que si es pura política. Pero cuando el primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu, propuso oficialmente a Donald J. Trump como candidato al Premio Nobel de la Paz, muchos de nosotros —judíos tradicionalistas de América Latina, orgullosamente sionistas— sentimos algo distinto: reconocimiento. No a Trump por ser una figura carismática o polémica, sino por los hechos concretos que llevaron a Israel hacia acuerdos históricos de paz con naciones árabes que hace pocos años pedían su destrucción.
La propuesta de Netanyahu no es un gesto vacío. Está basada en realidades que muchos prefieren ignorar. Trump fue clave en los Acuerdos de Abraham, que normalizaron relaciones entre Israel y Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos y Sudán. ¿Son perfectos? No. ¿Significan el fin del conflicto? Tampoco. Pero como judíos que rezamos tres veces al día por la paz de Jerusalén – al menos los más religiosos-, sabemos que los avances reales hay que valorarlos. Y estos fueron avances concretos, diplomáticos y civilizatorios.
Lo que muchos líderes mundiales no lograron en décadas de promesas vacías, Trump lo impulsó en cuatro años, sin pedirle a Israel que se arrodille o que renuncie a su seguridad. Y eso —nos guste o no su estilo— es un gesto que merece consideración.
La gratitud no es ideología
Vivimos en una época donde todo se analiza desde la ideología. Pero los judíos sabemos que la gratitud es un valor más alto que la ideología. El Talmud nos enseña a reconocer incluso a quien nos ayuda una sola vez. En este caso, Trump no nos ayudó una vez: trasladó la embajada a Jerusalén, reconoció la soberanía israelí en los Altos del Golán, cortó fondos a organismos que promueven el terrorismo como UNRWA, e impulsó relaciones diplomáticas que hoy salvan vidas.
Netanyahu, con lucidez y sin miedo a lo “políticamente correcto”, elevó esa gratitud a un nivel institucional. Lo hizo en su reciente visita a la Casa Blanca, según confirmaron CNN en Español, El País y Israel Económico.
¿Paz en Medio Oriente? Sí, pero con los pies en la tierra
Como judíos que hemos visto guerras, atentados, intifadas y demonización constante del Estado de Israel, no podemos permitirnos vivir en ilusiones. La paz solo es verdadera cuando no se construye a costa del pueblo judío. Y Trump entendió eso. Los acuerdos que firmó Israel con sus vecinos no requirieron que abandonáramos Jerusalén, ni que pidiéramos perdón por existir.
¿Es Trump perfecto? Nadie lo es. ¿Es un diplomático clásico? Claramente no. Pero como dijo una vez Menájem Beguin, “la paz no la hacen los ángeles, sino los hombres”. Y en el escenario actual, necesitamos más hombres que, sin temor, reconozcan el derecho del pueblo judío a vivir en su tierra en paz.
Netanyahu, gratitud y liderazgo con memoria
Netanyahu, con esta propuesta, no está haciendo política interna. Está haciendo historia. Está diciendo al mundo: “Nosotros no olvidamos”. No olvidamos quién nos apoyó, quién nos respetó y quién nos fortaleció cuando era políticamente costoso hacerlo. Y eso es exactamente lo que muchos de nosotros también sentimos.
Como judío latinoamericano que creció escuchando el “Od Avinu Jai” en las sinagogas y viendo en Israel la esperanza de nuestro pueblo, yo también digo: Trump se merece esa candidatura. No porque sea perfecto, sino porque cuando otros dudaron, él actuó.