La ONU y el camino a la pazDannon la cordura en la onu

La madrugada trajo un anuncio global: el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó casi por unanimidad el plan estadounidense para el “día después” en Gaza. La propuesta incluye una fuerza internacional de estabilización, el desarme integral de Hamás y un “camino futuro” hacia un posible Estado palestino. Mientras Nueva York hablaba de paz y reconstrucción, en Israel la realidad seguía contando otra historia: un atentado en Gush Etzion dejó un muerto y tres heridos, recordando que la violencia no espera resoluciones diplomáticas en territorios lejanos.

Visión estratégica

El embajador israelí ante la ONU, Danny Danon, fue claro y acertado. Su mensaje no fue explosivo ni desafiante, sino quirúrgico: señaló que la resolución no establece un Estado palestino —solo describe cómo hipotéticamente podría ser un camino hacia él— y que, aun si en el futuro se intentara avanzar en esa dirección, las condiciones exigidas —desmilitarización total, reformas profundas y un liderazgo palestino completamente distinto— hacen que ese escenario sea hoy prácticamente imposible. Para Danon, el plan tiene un componente valioso: desarmar a Hamás y establecer un marco internacional que, bien aplicado, puede reducir el riesgo para Israel y abrir un espacio para cierta estabilidad. Sin promesas vacías, sin discursos incendiarios. Y sin dejar de remarcar que, en la práctica, no ve chances reales de que se materialice un nuevo Estado palestino. (Jerusalem Post)

A diferencia de su tono estratégico, varios ministros optaron por declaraciones mucho más contundentes. Eli Cohen afirmó que “entre el mar y el Jordán solo habrá un Estado: Israel”, cerrando totalmente la puerta a cualquier idea de soberanía palestina. Nir Barkat insistió en que “un Estado palestino no va a ser creado”, proponiendo en su lugar un sistema de autoridades locales sin soberanía. Las diferencias no pasan por la ideología —todos coinciden en rechazar un Estado palestino inmediato— sino por el estilo: mientras ellos hablan desde la trinchera, Danon lo hace desde la mesa diplomática, donde cada palabra pesa en la política internacional.

En las calles

Y mientras el mundo mira Gaza y la ONU discute modelos de futuro, el Likud vive también sus propias batallas internas: negociaciones municipales, cierres de listas, alianzas locales y disputas que, aunque invisibles para el público extranjero, condicionan el tono de muchos dirigentes. En estas semanas, cada declaración sirve no solo para marcar postura frente al mundo, sino también para posicionarse dentro del partido. Un tablero complejo donde conviven funcionarios que están en la alta política… y con los pies en el barro.

Para completar la escena, incluso las discusiones domésticas exponen esa tensión entre lo global y lo cotidiano. La ministra de Transporte, Miri Regev, se plantó con fuerza contra el proyecto de impuesto de congestión vehicular en Tel Aviv y la región central: advirtió que la medida “castigaría a las familias que viven en la periferia y trabajan en la ciudad”, y que no vendría acompañada de transporte público suficiente como para justificar ese cobro. (Times of Israel) Según ese medio, Regev dijo: “El subsidio a Tel Aviv no puede venir a costa de la periferia. Cobrar por entrar a la ciudad solo agrava los gastos de familias que ya pagan auto, combustible y peajes”. (Times of Israel) En otra nota se informó que congeló los procedimientos de licitación para dicho impuesto y declaró que la implementación sería “injusta” para quienes viven fuera del centro urbano. (Globes)

La política israelí amalgama lo global con el día a día. Mientras el mundo debate sobre futuros posibles, Israel sigue enfrentando su presente inmediato, donde cada atentado, cada anuncio y cada interna partidaria conviven como si fueran parte del mismo capítulo.

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